jue 2a. Ordinario año Par (Id=88)

Primera Lectura

Saúl quería matar a David

Lectura del primer libro de Samuel
18, 6-9; 19, 1-7

En aquellos días, cuando David regresaba de haber matado al filisteo, las mujeres de todos los poblados salieron a recibir al rey Saúl, danzando y cantando al son de tambores y panderos, y dando grandes gritos de alegría. Al danzar, las mujeres cantaban a coro:
"Mató Saúl a mil, pero David a diez mil".
A Saúl le cayeron muy mal esas coplas, y comentó enfurecido:
"A David le atribuyen diez mil, y a mí tan sólo mil. ¡Lo único que le falta es ser rey!".
Desde entonces miraba a David con rencor.
Un día, Saúl comunicó a su hijo Jonatán y a sus servidores que había decidido matar a David. Pero Jonatán quería mucho a David, y le dijo a éste:
"Mi padre, Saúl, trata de matarte. Cuídate mucho mañana; retírate a un lugar seguro y escóndete. Yo saldré con mi padre por el campo donde tú estés y le hablaré de ti; veré qué piensa y te lo avisaré".
Habló entonces Jonatán a su padre en favor de David, y le dijo:
"No hagas daño, señor mío, a tu siervo David, pues él no te ha hecho ningún mal sino grandes servicios; arriesgó su vida para matar al filisteo, con lo cual el Señor dio una gran victoria a todo Israel; tú mismo lo viste y te alegraste. ¿Por qué, pues, quieres hacerte reo de sangre inocente, matando a David sin motivo?"
Al oír esto se aplacó Saúl, y dijo:
"Juro por Dios que David no morirá".
Entonces Jonatán llamó a David y le contó lo sucedido; luego lo condujo ante Saúl, y David continuó a su servicio como antes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 55

En el Señor confío y nada temo.
In Deo speravi, non timebo

Tenme piedad, Señor, porque me acosan, me persiguen y atacan todo el día; me pisan sin cesar mis enemigos; innumerables son los que me hostigan.
En el Señor confío y nada temo.
In Deo speravi, non timebo

Toma en cuenta, Señor, todos mis pasos y recoge mis lágrimas. Que cuando yo te invoque, el enemigo se bata en retirada.
En el Señor confío y nada temo.
In Deo speravi, non timebo

Yo sé bien que el Señor está conmigo; por eso en Dios, cuya promesa alabo, sin temor me confío. ¿Qué hombre ha de poder causarme daño?
En el Señor confío y nada temo.
In Deo speravi, non timebo

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido a la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
Salvator noster Iesus Christus dstruxit mortem, et illuminavit vitam per Evangelium.
Aleluya.

Evangelio

Los espíritus inmundos gritaban: "Tú eres el Hijo de Dios". Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
3, 7-12

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba. Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud que estaba a punto de aplastarlo.
En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban:
"Tú eres el Hijo de Dios".
Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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